
Cuando los tiempos no eran tiempos, una mentora supo decirme que mi aura era distinta, que mi mente era peligrosa, que mi mundo no era el mismo mundo al que todos se referían. Me describió como la amistad incondicional, pero no la amistad eterna; dijo que yo estaba destinado a estar de paso en la vida de las personas y solo dejar enseñanzas desde mi experiencia, pero por mas que lo deseara, mis amigos no iban a estar para siempre, de alguna u otra forma todos se terminarían alejando. Agregó que era muy buen estratega, y que sabia manejar a las personas a la perfección, como piezas de ajedrez.



























